Celiaquía refractaria

La celiaquía refractaria fue descrita en 1978 tras varios casos con síntomas persistentes por seis meses, aunque actualmente duplicó el período de diagnóstico. La Asociación Americana de Gastroenterología, la define como:

“persistencia de atrofia vellositaria y malabsorción clínica que no responde a la dieta sin gluten”

Sin embargo, la situación primaria puede variar, por lo que los especialistas recomiendan revisar el diagnóstico para descartar otra patología.

El diagnóstico debe estar a cargo de un especialista, tras lo cual debe realizarse cambios de vida en el paciente, que pueden afectar a sus familiares.

Incluso es obligatorio mantener al paciente en seguimiento del tratamiento propuesto para evaluar la respuesta al régimen alimentario. En los siguientes dos años debe presentarse una mejora sustancial en el estado de salud incluido el nutricional.

Síntomas

Los mismos que padecen los celíacos, tal como indica el Protocolo de Diagnóstico Precoz de la Enfermedad Celiaca (mayo 2018; estos síntomas varían en función del paciente y las condiciones, pero trataremos de englobarlos en grupos:

Niños:

Las alteraciones digestivas y retraso en el crecimiento son los primeros síntomas en infantes más pequeños. Al ir avanzando la enfermedad, la fase más avanzada puede presentar:

  • Amenorrea,
  • Anemia por falta de hierro,
  • Dermatitis herpetiforme,
  • Ferropenia (aunque se presente sin anemia),
  • Frecuentes aftas bucales,
  • Fatiga crónica,
  • Traumatismos simples con fracturas, o lo que es lo mismo, osteopenia.

Adultos:

En cuanto a la sintomatología adulta, depende mucho de la longitud afectada del intestino y la intensidad de las lesiones.

Por lo tanto, el 21% de los pacientes presentan grandes áreas del intestino afectadas es probable que presenten, el patrón clásico:

  • Perfil médico de malabsorción con múltiples afecciones.
  • Diarrea con esteatorrea
  • Pérdida de peso

El resto de los pacientes presentan sobrepeso incluso el 12 %, obesidad.

Por otro lado, a la mayoría de los pacientes adultos los caracteriza un patrón menos clásico; ya que sus síntomas gastrointestinales no son específicos. Estos son los casos comprendidos entre los 40 y los 45 años; para los cuales la enfermedad ha evolucionado durante años.

Siendo que, en algunas ocasiones no se consideraron los indicios durante la infancia. Generalmente, porque dichos síntomas no fueron tan relevantes como para promover los análisis clínicos orientados al diagnóstico.

Otras veces, fue una enfermedad silente o asintomática en cuyo caso se detonó después de un evento puntual. Tales son los casos de los cambios bruscos de la alimentación, disbiosis y/o estrés que es cuando aparecen los primeros síntomas.

Síntomas persistentes

La celiaquía es una enfermedad autoinmune cuyo autoentígeno es la enzima tisular Transglutaminasa. Se conoce que sus detonadores son las prolaminas de ciertos cereales como el trigo, la cebada y el centeno.

No obstante, algunos celíacos que no presentan mejoras aunque  tengan una dieta sin gluten. Esto puede suceder porque presentan otras patologías. Entre las cuales podríamos señalar:

  • Deficiencia de una o varias funciones del páncreas.
  • Ulcera del yeyuno.
  • Algún linfoma en el intestino.
  • Incremento de las bacterias en el tracto intestinal, debido a exposiciones prolongadas a los mismos.
  • Algunas intolerancias alimenticias como lactosa o fructosa.

Adicional a eso, podría presentarse resistencia a la mejora ante el incumplimiento de la dieta; relacionadas a pequeñas transgresiones habituales.

Es por ello que es tan importante llegar a su diagnóstico lo más temprano posible. Además debe señalarse el tipo de celiaquía refractaria que se padece.

Un especialista de la salud determinará si la padece, después de mantener al menos 12 meses de dieta sin gluten.

La Celiaquía Refractaria la padecen solo el 5% de los celíacos, comprendiéndose que es la forma as compleja de la enfermedad. En muchos casos los diagnosticados son aquellos que no mejoran aun cuando mantengan la dieta más estricta; incluso desarrollan otros padecimientos de diversa intensidad.

Un diagnóstico efectivo de la enfermedad podría obtenerse a través del análisis de material genético, extraído por gastroscopia. Con la cual el profesional de la salud determinará cuál es el tipo:

Tipos de celiaquía refractaria

Tipo I

Es el tipo menos grave de celiaquía refractaria

Tipo II

Es realmente una complicación que requiere un mayor control, es posible que requiera de medicación incluyendo corticoides. Se han visto casos en los que ataca a los linfocitos T, desarrollando linfoma intestinal asociado a la enfermedad. Tal como la directora del CatLab, la Dra. Imma Caballé Martín,

Los países centroeuropeos han desarrollado importantes avances médicos respecto al tratamiento de la celiaquía refractaria tipo II.

Grados de lesión intestinal

Se determinan después de una biopsia intestinal los cuales están reflejados en la Clasificación Marsh, siendo la Marsh 1 la más común y menos grave; hasta la Marsh 3 con mayor atrofia vellositaria que requiere un mayor tiempo para su completa recuperación.

Dieta sin gluten

Es imperioso que el paciente diagnosticado permanezca de por vida en una dieta sin gluten. Ya que no se conoce un tratamiento diferente, es de vital importancia adaptar los hábitos alimenticios.

Una de las opciones es aprender a identificar los productos procesados que no contengan el gluten y evitar la contaminación cruzada. Muchas personas se sienten más cómodas con alimentos de origen natural; tales como: carne, frutas, huevos, lácteos, verduras, pescados, hortalizas y legumbres. 

Porbén, S. S. (2010). La celiaquía refractaria. Diagnóstico y tratamiento. Revista Cubana de Alimentación y Nutrición20(2), 3.